03/07/2012 Número de leitores: 492

Tres novelas españolas sobre Brasil

Antonio Maura Ver Perfil

Brasil se ha convertido en un país de referencia para los españoles. Hubo tiempos ? décadas, siglos ? en los que el gran país americano apenas fue visto como la sombra inmensa que proyectaba Portugal. E incluso éste último, con quien los españoles compartimos la península, era un lugar ignoto del que se desconocía su literatura, sus artes y sus gentes. Y eso de que durante sesenta años ? entre 1580 y 1640 ? formaron un reino único con dos administraciones. Pero aquel periodo fue algo que españoles y portugueses pasaron por alto y apenas quedan vestigios en la literatura española. Tal vez el más significativo sea la comedia de Lope de Vega, El Brasil restituido, de 1625. El gran dramaturgo y poeta español cuenta en esta obra la recuperación de la ciudad de Salvador-Bahía que, en 1624, fue conquistada por los holandeses. La armada hispano-portuguesa tomó la ciudad brasileña a finales de ese año acabando con el dominio holandés en la capital de la colonia. Siete meses después, el “Fénix de los Ingenios”, como le conocían sus contemporáneos, escribió la obra basada en los relatos que sobre esta hazaña se dieron a conocer en Madrid. En ella, entre otros protagonistas de carne y hueso, aparecen personificados Brasil, la Monarquía de España y la Fama, pues se trata de una pieza en gran parte alegórica y de circunstancias. 

Tras este episodio, vago y puntual, los años, como digo, pasaron sin que hubiese la mínima cercanía entre ambos países y culturas. Sólo a comienzos del siglo XX ? si descontamos la presencia de Juan Valera como diplomático español en el Brasil del Segundo Reinado ? algunos intelectuales españoles intentaron acercarse a Brasil, especialmente a su poesía. Y, ya en las últimas décadas del siglo pasado, surgirá el interés por la música brasileña y por algunos autores aislados de su literatura: Jorge Amado en los años ochenta, Rubem Fonseca en los noventa y Clarice Lispector a comienzos de este siglo. A este panorama se suma actualmente el interés por algunos de sus artistas plásticos: Helio Oiticica, Lygia Clark, Lygia Pape o los más contemporáneos como Adriana Varejão, Waltercio Caldas, José Damasceno y Rosángela Rennó, entre otros.


Sin embargo, los tiempos cambian y Brasil es hoy un polo estratégico para las empresas y los jóvenes españoles que buscan en ese país nuevos mercados y trabajo. Paralelamente a estos hechos desde comienzos de siglo se ha despertado cierto interés por el país y su historia. Por ello he querido reunir, a título de ejemplo, tres novelas españolas que tienen a Brasil como objetivo temático. Lo que no quiere decir que no existan otros muchos relatos de viajes, cuentos y narraciones, que se acerquen al gran país americano desde el imaginario español. El primero en el tiempo es La estrella solitaria, novela histórica del segoviano Alfonso Domingo, libro publicado en 2003 y merecedora del premio Ciudad de Salamanca en ese año. Alfonso Domingo es un conocido periodista, reportero y autor de documentales, que se ha destacado por sus trabajos sobre la guerra civil y la posguerra española. Entre sus libros sobre esa temática habría que destacar El canto del búho (2003), Retaguardia (2004), Historia de los españoles en la II Guerra Mundial (2009), o el Ángel rojo (2009), donde se narra las hazañas del anarquista Melchor Rodríguez. El pasado año obtuvo el premio Ateneo de Sevilla con la novela de intriga, El espejo negro, que trata de un comisario, o curator, de una exposición sobre el pintor Hieronymus Bosch, El Bosco, y de una imaginaria tabla inédita de este artista, Jonás y la ballena

Sobre asunto americano Alfonso Domingo publicó en 2005 La serpiente líquida sobre los rituales chamánicos amazónicos. Anteriormente, también producto de su interés por el Amazonas, escribe su novela La estrella solitaria, donde explica la historia de Luis Gálvez, el español que fue presidente del Estado de Acre desde mediados de julio de 1899 hasta final de ese año. La personalidad del aventurero español, que fuera utilizado políticamente para integrar la provincia de Acre al estado brasileño, ya había sido glosada por el novelista nacido en Manaus, Márcio Souza, en su libro Gálvez, imperador do Acre, de 1976. Sin embargo, la diferencia entre ambas obras es significativa. Mientras el escritor del Amazonas se inspira en la Formação histórica do Acre, de Leandro Tocantins, el segoviano ha consultado, además, los archivos que sobre la independencia de Acre están depositados en la ciudad de Recife. En todo caso, el tratado de Tocantins es fundamental en la génesis de ambas obras de una misma temática, pero de estilos y estructuras muy diferentes. Si Souza parodia en sus capítulos breves, llenos de ingenio y humor — en ocasiones puros aforismos, reflexiones o simples anécdotas — la personalidad del aventurero español, Domingo se sumerge en las crónicas y en varios documentos para darnos la medida histórica del personaje. En este sentido, es importante destacar el poderoso retrato que, casi a punto de finalizar el libro, se nos presenta en La estrella solitaria del aventurero español: sentado en un café madrileño contempla con su imponente figura a las jóvenes muchachas que acuden a su trabajo o pasean por la calle. En un determinado momento, se incorpora, se cubre la cabeza con su sombrero panamá, se arropa en un abrigo viejo y raído, apoya en un bastón de caoba su cansado cuerpo, donde todavía quedan las huellas de los combates de amor y muerte de una intensa vida, y sale a perderse por las calles del inquieto y problemático Madrid de la Segunda República. Esta imagen que cierra la novela bien pudiera estar al comienzo de toda la historia de un hombre que fue periodista y político, diplomático y administrador de burdeles elegantes, amante incansable y aristócrata venido a menos. Alguien que intentó vivir bien de las amistades y de múltiples profesiones. Sin embargo, en un cierto momento de su complicada trayectoria, intenta hacer algo realmente remarcable, arriesgarse en una aventura histórica y convertirse en un héroe. La novela de Alfonso Domingo acompaña con fidelidad documental este periplo vital desde una juventud de crápula a la visión de un indiano arruinado que viste un desgastado abrigo, pero que no por ello abandona su porte señorial y aristocrático. Entre el joven que a punto está de visitar la cárcel y el arrogante anciano transcurre toda la existencia de un aventurero que sueña ser un hombre de honor y se embarca en una tragicómica historia de intereses políticos y económicos de otros. La parte cómica del personaje está perfectamente tratada por Márcio Souza con la ironía y la agudeza que le caracteriza. El aspecto heroico y trágico, sin embargo, está descrito en la obra de Alfonso Domingo, que busca en su biografía la imagen de un hidalgo orgulloso y fracasado, de un hijo de su siglo y de los gloriosos tiempos a los que se remontaba su linaje.

Si lo que buscamos es una novela biográfica habría que acudir al libro del español, si lo que queremos encontrar es una reflexión narrativa y filosófica sobre la picaresca y las contradicciones de la vida deberíamos acercarnos a la obra del escritor de Manaus. En Imperador do Acre se nos ofrece una visión espectacular y realista de la cuenca amazónica, de su lujuriosa floración que se prolonga en sus habitantes, de los ruidos y olores que proceden de la poderosa mata vegetal, de la infinidad de insectos que se desplazan como nubes llagando los cuerpos de los molestos y dolientes lugareños. La grandeza del lugar es imponente en la obra de Souza e impregna a todos sus personajes y, por ello, su erudición y aforismos filosóficos son tan cicateros como las picaduras de los mosquitos. Sin embargo, en la novela de Domingo prima la narración y la grandeza o simplicidad de los hechos que, como en una obra de creación, son completados con otros ? generalmente aventuras galantes ? imaginados por su autor. Es importante reseñar, en este sentido, que cuando la TV-Globo decidió convertir la vida del aventurero español en una serie televisiva, escogiese la obra de Alfonso Domingo y no la de Márcio Souza, que mas bien es una reflexión literaria y filosófica sobre la región y sus estrafalarios habitantes, donde reina el español Gálvez como un emperador sin imperio o un gobernante sin súbditos. 

A veces, el personaje diseñado por Souza me recuerda al que imaginó el cineasta Werner Herzog del conquistador Lope de Aguirre en su película Aguirre, la cólera de Dios (Aguirre, der Zorn Gottes), realizada en 1972, cuatro años antes de que el escritor de Manaus escribiese su novela. En la obra del cineasta alemán el aspecto paródico y trágico prima en el retrato del conquistador español, quien, por otra parte, mereció una espléndida novela de Ramón J. Sénder, La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, escrita también cuatro años antes de que se rodase la película, en 1968. La historia del loco Aguirre y su aventura amazónica podría servir para una crónica diferente a ésta y, por tanto, no me referiré a ella, ya que sólo quiero destacar el aspecto paródico que ambos personajes adquieren ante los ojos de los artistas que los recrean y los convierten en un ejemplo de determinados aspectos de la condición humana. 

Alfonso Domingo, como vengo diciendo, huye de este aspecto paródico y se centra en el personaje, persiguiendo la huella que ha dejado en los documentos históricos. Sólo así es capaz de recrear las grandezas y las miserias de la vida de un hombre que soñó incluso más de lo que vivió, y eso que vivió mucho e intensamente.


La segunda novela que quiero reseñar en este artículo, Los números del elefante, es la primera escrita por Jorge Díaz y se publicó en Madrid en 2009. El autor es un reportero, periodista y guionista de televisión, responsable de algunas de las series más conocidas del público español. Su prosa es extremamente fluida y, como corresponde a un guionista, abundante en diálogos. Los números del elefante, cuyo título hace referencia a la popular lotería brasileña del jogo do bicho, cuenta en primera persona los avatares de un tal Bernardo, gallego de origen — también podría ser un portugués con diferente nombre, pues de ambas identidades se sirve para ocultar su personalidad —, que desde una aldea miserable y malsana de los tiempos de la posguerra española, tras enrolarse en un barco para aprender un oficio, acaba sus días en Brasil. Allí, tras asesinar a un hombre y bajo la protección de su coterráneo Albino, se convierte en cobrador del célebre jogo do bicho y después en gerente de un casino en Río de Janeiro. La historia se complica y termina por refugiarse en una favela para no ser asesinado por orden de su compadre con quien acaba enfrentado. Finalmente, se refugia en Petrópolis, donde malvive en un restaurante antes de ser ingresado en “un asilo creado por un gallego para acoger a los gallegos que fracasaron.” Esta historia está contada en dos planos narrativos: uno es el de la delincuencia, de losjogadores do bicho, de las salas de juego, los burdeles, los asesinos y las prostitutas. El otro está siendo marcado por los hechos históricos en los que se inscribe la trama narrativa: llega a Río el día anterior al suicidio de Getúlio Vargas, desarrolla su actividad delictiva bajo el gobierno de Juscelino Kubitschek a quien admira sin reservas, vive eufóricamente la fundación de la ciudad de Brasilia, está escondido en una favela en la época de Jânio Quadros y muere bajo la presidencia de Lula. Sorprende esta forma de acompasar los hechos narrativos con los históricos en un delincuente primero y luego un favelado que, difícilmente, puede acompañar los acontecimientos políticos y menos comentarlos con las personas con las que se relaciona. Jorge Díaz no se limita a reproducir las crónicas de los medios de comunicación, también las comenta y habla de sus preferencias por unos y desapego, e incluso desprecio, por otros como es el caso del mostrado hacia Carlos Lacerda con quien se muestra tremendamente crítico. Este aspecto de la novela es poco creíble, aunque tenga un efecto divulgador innegable para los posibles lectores a los que está dirigida la novela, en su mayoría españoles que ignoran la historia y las peculiaridades de Brasil. También presenta al público algunas palabras y expresiones de uso corriente en Brasil y no muy conocidas en España como es el caso del ya mencionado jogo do bicho, de los bandeirantescandangos, del pau de arara, de las escolas de samba, así como de algunos personajes célebres en el mundo popular y cultural brasileño como fueron Tom Jobim o Vinicius de Morais, y su Orfeo da Conceição, así como los futbolistas Pelé o Garrincha. 

La novela de Jorge Díaz es una obra de lectura fácil y ambición de convertirse en un best-seller, que ha sido publicada por una editorial especialmente volcada hacia los textos comerciales como es el caso del sello Planeta, que ofrece el premio mejor dotado económicamente del ámbito español. La historia del gallego Bernardo es también la de un hombre que vive bajo un sino trágico: “cuando uno sueña con la muerte debe apostar a los números del elefante”, dice el narrador y protagonista para justificar su filiación al animal — bicho — con el que juega su suerte. Historia, por tanto, de vida y muerte, de sexo y violencia, narrativamente muy ágil, en la que se aúnan los modelos de la novela negra y de la de acción. Casi al final del libro, un hipotético autor que ha hallado los papeles biográficos, que constituyen esta novela, entre los enseres de un anciano que afirma contar en ellos su vida, comenta: “No es muy importante que la historia de las cosas sea verdadera, lo importante es que las cosas tengan historia.” Y quizás sea ésta la moraleja última del libro: no son las vidas, sino sus historias lo que atraigan al ser humano. Tal vez no sea del todo verdad y un simple gesto, una impresión, sirvan para justificar una existencia. Pero ésta es otro tipo de certeza que la que se espera de un escritor que aspira al éxito. En todo caso, Los números del elefante es una novela entretenida y asequible para todos los públicos.


por seguir hablando del galardón literario mejor dotado económicamente que se otorga en España, el Premio Planeta, de la editorial del mismo nombre, quiero referirme al concedido en su última edición: una novela histórica que glosa la vida del emperador brasileño Pedro I. Tomás Moro, autor de la novela galardonada –El imperio eres tú-, es hijo de un ejecutivo, que viajó por África, Asia y América, y de madre francesa. Por sus orígenes y su infancia tiene enorme interés por los relatos de viaje y por las culturas exóticas. Su primera novela ?Senderos de libertad, de 1992 ? cuenta la historia de Chico Mendes y para ello “viajó durante tres años por la Amazonia en avioneta, canoa, autocar e incluso a pie,” según confesó a la periodista Rosa Mora. Su segunda novela, El pie de Jaipur (1995), está ambientada en Asia y glosa la historia de un superviviente de los jémeres rojos, un camboyano que conversa en una clínica con un estudiante francés gravemente accidentado. En 1998 publicó Las montañas de Buda, que sucede en el Tibet. En 2001 Era medianoche en Bhopal, sobre la catástrofe química sucedida en esa ciudad de India. En 2005 Pasión india sobre la historia de amor entre la cantante española Anita Delgado y el maharajá de Kapurthala. Después vendrá El sari rojo (2008) sobre la dinastía Ghandi y, específicamente, sobre la figura de Sonia, dignataria y matriarca de la familia. En su séptima novela vuelve a Brasil, pero no al actual, sino al del siglo XIX. Y, en este sentido, es una rigurosa novela histórica en la que se compromete como escritor y como historiador tal como explica en una nota al final del texto: “Los acontecimientos aquí narrados han existido realmente. Los personajes, las situaciones y el marco histórico son reales, y su reflejo fruto de una investigación exhaustiva.”

Tomás Moro presenta al final de su novela una amplia bibliografía como si hubiese querido escribir un tratado histórico sobre uno de los periodos políticos más cruciales de Brasil: el de su paso de colonia a reino independiente, y a imperio. Hay que señalar que para la historia española de América, cuyas colonias se independizaron en diferentes naciones, el caso de Brasil es ejemplar y modélico. El escritor quiere hacer historia, pero escribe una novela y como tal, como narración, se estructura este libro. Sus personajes, principalmente los protagonistas, quieren encarnarse y mostrar sus sentimientos y deseos. Algunos, como en la mayoría de las obras de fección, están más conseguidos que otros. En este sentido, es interesante destacar el magnífico retrato que se nos ofrece de Domitila, la amante del emperador, ya desde su primera aparición en el relato. Se hace sentir la atracción preferente que el escritor siente ante este personaje femenino, que hubiera podido ser la auténtica protagonista de la historia si de una novela romántica se tratase. Pero estamos ante una novela histórica y su personaje central ha de ser el emperador Pedro I, polo de atracción de numerosas mujeres y de hombres, que acompañaron su reinado. Destaca también el retrato de Leopoldina, la emperatriz, y de sus progenitores Juan VI, el monarca del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve, y Carlota Joaquina, la enredadora hermana del rey español Fernando VII. Una familia tristemente decadente donde Pedro, un joven impetuoso e inculto, mujeriego e inconstante, llega a convertirse en un héroe. En parte se explica el hecho diferencial entre las monarquías española y portuguesa ante las colonias. Digo en parte, porque la presencia napoleónica en la península hizo el resto, y de ello poco o muy poco se habla en este libro. Se trata de la vida de Pedro de Braganza y no de un tratado de historia con sus reflexiones pertinentes. 

Por lo demás el autor hace gala de un discurso ágil y entretenido que mantiene la atención. Su descripción de paisajes y de personajes es, por lo general, bastante plástica, y unos y otros están bien dibujados. En todo momento es amable con los protagonistas de la historia de los que se muestran sus virtudes con delicadeza y sus defectos sin saña ni exageración. Es también muy elegante ante las escenas más escabrosas de violencia o de sexo. Todo ello hace de El imperio eres tú un libro amable y divertido con capacidad de acercar un periodo de la historia de Brasil a una gran mayoría de lectores. Tal vez no haya contado nada que no se conociese ya, que no haya sido estudiado más pormenorizadamente o con mayor profundidad, pero no se le puede negar su sabiduría de narrador, de contador de historias. Como retratista de un personaje histórico y de su tiempo muestra como uno y otro son indisociables, como la presencia de Pedro sirvió para cohesionar una sociedad y como esa misma sociedad fue capaz de modelar la figura de su emperador. Tal vez este libro de Tomás Moro no sea una obra maestra, pero se trata, sin duda, de una novela de calidad con enorme atractivo para muchos lectores.

Estas tres piezas narrativas que ofrecen, como explicaba al comienzo de esta crónica, una muestra del interés que Brasil tiene para los escritores y el público español. Dar a conocer sus peculiaridades y su historia es el objetivo de los tres libros que inician con toda seguridad un largo recorrido de obras que han de abordar la realidad de un país cuya importancia política y económica a nivel mundial es cada vez más importante. Un país que cada vez se aproxima más a la imagen que soñó Stefan Zweig en plena Segunda Guerra Mundial, un año antes de suicidarse en Petrópolis.


Antonio Maura