05/02/2013 Número de leitores: 478

Música Visual (Segunda parte)

Antonio Maura Ver Perfil

Construí el personaje de un compositor y diseñé algunas de sus obras, pero como no soy músico, no logré escribir una sola nota. Sin embargo, aquella aventura fue acompañada por un dibujante, Carlos Bloch, que decidió ilustrar aquellas composiciones imaginarias, descritas tan sólo con palabras. Posteriormente, pensé en una entrevista imaginaria también que mi compositor, de nombre Ángel Fasto, habría realizado en Río de Janeiro, en la sede del Museu da Imagen e do Som.Ángel Fasto hablaría allí de sus obras y se reproducirían algunas de sus composiciones, pero lo único que podía ofrecer eran mis descripciones en palabras y los dibujos de Carlos Bloch. Las composiciones, como digo, y el personaje son ficticios, pero no la realidad en la que se mueve ni sus protagonistas. Creadores brasileños como Marlos Nobre, Guilherme Bauer, Harry Crowl o Edino Krieger, autores como la propia Clarice Lispector, y otros artistas europeos componen un elenco de artistas e intelectuales con los que se relaciona este imaginario compositor del siglo XX.

En esta segunda parte, Ayno, el compositor Ángel Fasto explica sus primeras obras de madurez yva desgranando su forma de trabajar, sus preocupaciones artísticas y vitales: esa amalgama de vida y obra, de músculo y carne que constituye la producción de todo artista.

Tal vez pueda interesar a algún lector este escrito en el que se diseña un paisaje de encuentros culturales, de composiciones inaudibles, de formas que aletean en el inconsciente. La música habitualmente es sonora, en este caso, será únicamente visual. Confío que estas piezas puedan ser escuchadas con los ojos.


AYNO

ÁNGEL FASTO: La ópera contemporánea es algo muy poco popular en mi país.

PRESENTADOR: Y no sólo en España. Creo que ocurre lo mismo en Brasil. ¿Cuál fue la suerte de su otra ópera?

ÁNGEL FASTO: En lo que se refiere a Ayno, de 1984, fue una de mis mayores frustraciones con un desenlace, por otra parte, trágico. Si en Armida se marcaban los límites del amor humano, Ayno representa el ideal sin referencia a lo real y lo posible: Es el sueño de la pasión, el ámbito de lo que es imposible para nosotros, los seres humanos. En este sentido, es un paso adelante de lo que suponía Armida. Ayno es un bailarín sin sexo que contagia su forma de entender la sexualidad a una comunidad humana.

PRESENTADOR: ¿Alguien sin sexo, pero con sexualidad?

ÁNGEL FASTO: Aunque parezca contradictorio, sí. El bailarín Ayno ama físicamente al danzar: se hace amante de la nube y de la fuente, de la pradera y del bosque, de la mujer a la que viste con su danza y del hombre, del animal, del insecto y de la hierba. Tiene una sexualidad total, de una fecundidad inagotable. Esto es lo que trasmite a esa comunidad, entre la que se encuentran pintores, poetas, músicos, actores, gentes del pueblo, aristócratas. Todos ellos admiran su hermosura y, más que su hermosura, su inmensa capacidad de amar y de sentir placer. Ayno es una reflexión sobre la belleza, el arte y el amor visto desde un aspecto poético, mientras que en Armida se hablaba del amor, de los sentimientos como una parte del ser humano que, a menudo, entran en conflicto con el compromiso histórico, con el deber en definitiva.

PRESENTADOR: ¿Cómo fue acogido Ayno por el público español?

ÁNGEL FASTO: Ayno fue un rotundo fracaso. La gente salía del teatro sin que hubiese concluido la función. El autor del libreto, mi amigo Carlos Pérez de Montalván, no pudo soportarlo: este fracaso unido a una crisis creativa y vital hizo que se concediese la muerte.

PRESENTADOR: Curiosa expresión: «concederse la muerte».

ÁNGEL FASTO: Creo que es la mejor forma de explicar su decisión. Pudo haber continuado aceptando el peso de su fracaso y de su silencio, «el peso de la luz», si usamos la feliz expresión de Clarice Lispector, o permitirse -como hizo- el descanso. Así lo entiendo ahora. Mi amigo, poco antes de su muerte, había compuesto unos poemas a los que puse música en su homenaje. Aquellos poemas se iniciaban siempre con el mismo verso: «Camino en la anchura grande del sol.» Eran la descripción de una intensa luminosidad, de un mediodía tan untuoso, tan cegador, que el lector acaba por sentir la llegada de la sombra como una liberación. Y la sombra, claro está, es la muerte. Después de Soñador de Sombras, título de aquella colección de canciones, escribí un Réquiem en su homenaje y en el de todos los poetas muertos o silenciados por el destino en su abanico político-socio-vital más amplio.

PRESENTADOR: Su Réquiem fue una obra emblemática en su día, ¿qué podría decirnos acerca de ella?

ÁNGEL FASTO: El Réquiem fue escrito para tres narradores, coro mixto y orquesta de cámara. Surgió por necesidad imperiosa: Como esos torrentes de montaña que se abren paso entre peñascos y siguen un curso desordenado hasta esculpir su propio cauce en el lejano valle. El Réquiem es un oficio defunctorum compuesto para no ser interpretado en una iglesia ni delante de ningún dios. Sólo eso: un oficio de difuntos, un homenaje hecho para alguien que nunca podrá escucharlo. La obra se divide en tres oratorios, por llamarlos de alguna manera, separados por tres kyries. En cada uno de ellos se cantan o recitan los versos de tres poetas.

PRESENTADOR: El Réquiem fue presentada en Madrid en otoño de 1985, y hasta 1992 no se volvió a estrenar una nueva obra suya. ¿Qué sucedió en esos largos siete años?

ÁNGEL FASTO: Toda muerte es una puerta que se cierra y la despedida de Carlos fue para mí un tremendo portazo. Fíjese que nos unía una enorme amistad y, además, participábamos de las mismas ideas, de obras -él como libretista y yo como compositor- e, incluso, llegamos a compartir la misma mujer. Y todo ello acabó con su muerte. Se clausuró un ámbito en el que nunca he podido entrar después. Sólo me quedan los recuerdos, las dos óperas, las canciones y el Réquiem. Realmente me costó superar aquel bache. Y es que aquel Réquiem lo había compuesto también para mí.

PRESENTADOR: Ha dicho que compartía con su amigo Carlos Pérez de Montalván todo lo que dos hombres pueden compartir, incluso una mujer...

ÁNGEL FASTO: Exactamente. Compartimos una mujer. Se llamaba Lidia, pero ella, tras la muerte de Carlos, decidió serle fiel a él, y me abandonó. Me abandonó por un muerto, ¿comprende? No sé cómo pude superar todo aquello. Había días que pensaba que yo también estaba muerto, y me movía como un autómata por las calles. Parecía un cadáver mecánico. Pero, gracias a Dios, todo aquello acabó.

PRESENTADOR: Y volvió a componer. Compuso, si no me equivoco, una pieza para orquesta titulada Tres Minutos.

ÁNGEL FASTO: Exactamente.

PRESENTADOR: ¿No es un curioso y original título para alguien que reinicia con esta pieza su carrera de compositor?

ÁNGEL FASTO: Es posible. Sin embargo, pese a lo que pueda pensarse, esta obra no tiene nada que ver con composiciones como 4`33``, de John Cage. Tres Minutos quería reflejar musicalmente el origen del Universo, el espacio del Big-Bang tal como lo describe el científico americano Steven Weinberg en un libro que recibe justamente ese título.

PRESENTADOR: El conocido libro de Steven Weinberg se titula concretamente The First Three Minutes.

ÁNGEL FASTO: Exactamente, «Los tres primeros minutos».

PRESENTADOR: Tres Minutos supuso un cambio de orientación en su carrera artística, ¿no es así?

ÁNGEL FASTO: Sí. Después de la muerte de Pérez de Montalván, de Soñador de Sombras y del Réquiem, como bien ha recordado, pasé siete años sin escribir música e, incluso, llegué a pensar que nunca más lo haría. Me dediqué a la crítica, a estudios sobre diversos aspectos de la música contemporánea. Escribí algunas monografías, libros de divulgación, no sé, hacía música con palabras, pero no quería enfrentarme con el acto creativo. Sólo, al cabo de un tiempo, comprendí que podía hacer algo diferente, algo que resultaba, por otra parte, necesario y era justamente la descripción de distintas facetas del Universo, explicadas por la mecánica cuántica o por la relatividad general, y que no son fácilmente comprensibles para la gente. Pensé que tal vez podría expresar estas fórmulas con sonidos, ya que la música tiene coordenadas espacio-temporales y se puede aplicar a determinados registros sonoros distintas numeraciones y conceptos de origen físico-matemático. Pensé que todavía podía ayudar a comprender mejor la textura y el misterio del Universo. Tres Minutos pertenece a esa etapa.

PRESENTADOR: Antes había seguido técnicas seriales...

ÁNGEL FASTO: Bueno, desde un aspecto formal y no de una forma rigurosa, ya que siempre me negué a amputar mi capacidad de experimentación. El Cancionero del Hombre Vulgar hacía uso del serialismo. Sin embargo, Urbe ya era una combinación de grabaciones sonoras tomadas de las calles de Madrid con la intervención de un saxofonista que seguía meticulosamente el desarrollo de una serie dodecafónica. En Algarabía, siguiendo el ejemplo de Boulez, me serví del serialismo integral, pero con ciertas libertades expresivas. Algo que no sucedió en una obra posterior para piano, Sequedades, en la que la serie era respetada con enorme pulcritud como si fuese una obra epígonal de Anton Webern. Las óperas, sin embargo, tuvieron un tratamiento más libre. Utilicé, entre otras, las técnicas fonéticas a las que están acostumbrados los actores, la improvisación propia del jazz y la música popular fundamentalmente en sus aspectos más caricaturescos. Armida, por ejemplo, tiene fragmentos que se inspiran en chascarrillos de la calle. En algunas escenas del Ayno el ruido de los vasos y cubiertos en la mesa es toda la música que puede oír el espectador, pero hay también momentos, como el de la danza final, en el que la orquesta entona una melodía de timbres, que, finalmente, quiebra la fuerza expresiva del bailarín como si rompiese una copa de cristal: se trataba de danzar en las aristas de una construcción serial como en lo alto de un precipicio. En Soñador de Sombras, la penúltima obra de esta etapa, adjudicaba a las palabras «sol», «luz», «claridad» los registros más altos de la escala, mientras que «sombra», «oscuridad», «agua» se movían en los más bajos. Elaboraba así un paisaje poético hecho con sonidos de forma que, aunque no se entendiesen las palabras, se podría comprender el poema. Por lo que se refiere al Réquiém hay en él un poco de todo lo que había hecho hasta entonces: citas musicales, serialismo, experimentación en aspectos vocales y... sufrimiento, mucho sufrimiento. Nada de humor en ese caso...

PRESENTADOR: Tras Soñador de Sombras y el Réquiem, que viene a continuación, compone usted, como decíamos, Tres Minutos, una obra que se estrena en 1992 y está escrita para orquesta, ¿no es así?



ÁNGEL FASTO: Exactamente. Tres Minutos es una obra para orquesta dividida en cinco partes sin pausas entre ellas. La primera, muy potente, es de una enorme homogeneidad, aunque cada elemento de la orquesta siga su propio discurso independiente. Algo así debió suceder en los comienzos de lo que fue nuestro Universo. Entonces el Mundo era muy caliente y denso, pero estaba en perfecto equilibrio térmico. La música pretende, entonces, reflejar esa diversidad en la uniformidad. La enorme energía calorífica de aquel momento queda expresada por el volumen sonoro de una orquesta segmentada, como digo, en una infinidad de pequeñas orquestas, pues cada instrumento sigue una línea melódica distinta. En la segunda parte, aunque cada instrumento continúa la tendencia anterior, se produce un descenso de alturas y de volumen, mientras que algunos solistas inician dúos muy breves, levemente perceptibles. El ritmo, por otra parte, se alarga lentamente, muy lentamente. Con ello pretendía explicar el paso existente entre el momento caracterizado por la radiación y aquel en el que las partículas empiezan a existir, en el que se ponen los cimientos de lo que será la materia. En la tercera parte se acusa más esa tendencia de la orquesta en su descenso hacia registros más graves, aunque todavía se mantiene una estridencia y un desacoplamiento grande entre los distintos instrumentos de la orquesta. En este tercer movimiento se interfieren los discursos de las cuerdas y de los metales, siguiendo direcciones melódicas inversas: Era una forma de mostrar cómo se destruyeron los positrones y los electrones al chocar entre sí. La cuarta parte queda definida por la aparición de pequeñas células sonoras en forma de pequeños diálogos entre varios instrumentos con una duración de unos pocos segundos, que se siguen unos a otros como ondas en el espacio. En la quinta y última parte se describe ya el aspecto del Universo tal como lo conocemos y para ello se desarrolla una melodía para la orquesta con dos grandes temas que, al principio, suenan aislados y luego se superponen: el primero desarrollado por la percusión y los instrumentos de viento, el segundo por las cuerdas. Con ello quería explicar el doble discurso de un Mundo definido por signos opuestos: energía-materia, vacío-lleno, luz-oscuridad...

PRESENTADOR: La obra, por lo que nos explica, supera con creces los tres minutos.

ÁNGEL FASTO: No sólo en cuanto a su longitud temporal -Tres Minutos tiene una duración aproximada de treinta y cinco minutos-, sino también en lo que se refiere a la descripción del propio desarrollo temporal del Cosmos. El final de la obra correspondería con el estado actual del Universo y, si no me engaño, éste tendría ahora una edad aproximada de diez mil millones de años.

PRESENTADOR: Bastante cantidad de tiempo para ser resumida en sólo media hora.

ÁNGEL FASTO: Mucho tiempo para nosotros, los seres vivos, pero no excesivo para la vida del Mundo. Algunos científicos creen que el actual Universo comenzará a envejecer dentro de otros 50.000 millones de años. Es el momento en el que o bien seguirá expandiéndose hasta la muerte térmica total, se iniciará su contracción a la busca de lo que se ha venido en llamar el Big Crunch o detendrá su crecimiento estancándose como una mancha de aceite. Si estas teorías son ciertas el Universo habría vivido solamente una sexta parte de su vida. Lo que trasladado a la existencia humana correspondería a nuestra adolescencia.

PRESENTADOR: Habitamos, entonces, en un Mundo muy joven.

ÁNGEL FASTO: Un Universo que inicia su vida, que esta empezando a despertar, a entenderse como lo que es. Una muchacha de trece años, o un joven de esa misma edad, comienza, torpemente, a tener sus propias ideas, sus sentimientos, a conocer su sexualidad y su cuerpo. En esa edad se inicia su historia como hombre o como mujer. Creo, y estas son apenas percepciones mías, que en el Universo está sucediendo algo parecido, y que la vida -y la inteligencia que ella conlleva- es el comienzo de ese despertar del Cosmos. Nosotros somos la conciencia que el Mundo está empezando a tener de sí mismo. Tres minutos es, por tanto, el resumen de una infancia, de nuestra infancia, pues somos una y la misma cosa: nosotros en cuanto seres vivos y la Naturaleza entendida como la totalidad del Universo.

PRESENTADOR: Tras esa magnifica pieza de carácter cósmico compuso una serie de obras en la primera mitad de la década del noventa cuyos títulos tienen indudable sabor científico: Lazos en 1992, Límite y Plasma en 1993, Diálogos, Nubes y Danza de Andrómeda en 1994, Camino a Virgo y Universalia en 1995. ¿Podría hablarnos de estas obras?

ÁNGEL FASTO: Ciertamente estas obras pertenecen a lo que algunos han llamado Etapa Cósmica. Recientemente, para celebrar una de mis últimas creaciones, concretamente el Cuarteto de Cuerda que recibe el nombre de Coágulos, un conocido crítico afirmó que había tres etapas perfectamente diferenciadas en mi quehacer creativo: la primera, que se inicia con el Cancionero del Hombre Vulgar y concluye con el Réquiem, la denominaba Música Concreta. La segunda -justamente a la que se está refiriendo ahora- la definió como Música Cósmica y a la tercera, a la que pertenece el Cuarteto de Cuerda Coágulos, la denominó Música Mística.

 

 

Antonio Maura